LOS ANALGÉSICOS NARCÓTICOS NO SON LA PRIMERA RESPUESTA AL PACIENTE CON DOLOR CRÓNICO

Múltiples factores han generado un incremento en la taza de padecimientos  que procucen dolor crónico y por ende un importante discapacidad que  condujo a un extraordinario aumento de la prescripción de opioides y posteriormente el abuso de estos farmacos. 

La prescripción analgésicos opioides o narcoticos se multiplicó por cuatro entre 1999 y 2010. Las de hidrocodona aumentaron un 280% entre 1997 y 2007, la metadona se incrementó en un 1.293% y la de oxicodona un 866%. 

Se estima que en 2009 se extendieron en EE. UU. más de 256 millones de recetas de opioides y lo más grave es que una de las muchas combinaciones disponibles de analgésicos  como hidrocodona y paracetamol ha sido el medicamento más prescrito en EE. UU. entre 2006 y 2011.

Un informe de la ONU señala que los habitantes de EEUU., que constituyen el 4,6% de la población mundial, consumieron el 83% de toda la oxicodona utilizada en el mundo durante 2007, así como el 99% de la hidrocodona. 

La dependencia de los opioides suele ir precedida del abuso de los mismos, y es un trastorno más grave el abusó que la dependencia. Los criterios del DSM-V para ambos trastornos son los siguientes: 

•Abuso de (sustancias) opioides. Uno o más de los siguientes durante un período de 12 meses: 

•Incapacidad para cumplir las principales obligaciones en el trabajo, la escuela o el hogar. 

•Utilización recurrente de la sustancia en situaciones en que supone un peligro físico. 

•Problemas legales en la actualidad relacionados con la sustancia (p. ej., detenciones por malos comportamientos relacionados con la sustancia). 

•Utilización continuada de la sustancia pese a haber padecido reiteradamente problemas sociales o personales causados o exacerbados por los efectos de dicha sustancia. •Dependencia de (sustancias) opioides. 

Más de tres de los siguientes durante los últimos 12 meses: 

•Tolerancia. 

•Síndrome de abstinencia. 

•Intención de consumir mayor cantidad/ más tiempo. 

•Incapacidad o deseo persistente de abandono o control del consumo. 

•Aumento del tiempo dedicado a actividades encaminadas a la obtención de opioides. 

•Disminución o abandono total de las actividades sociales, ocupacionales o lúdicas. 

•Utilización continua de opioides a pesar de sus efectos adversos.

Los opioides elevan de forma aguda los niveles de dopamina en las vías mesolímbicas. 

La utilización crónica da lugar al desarrollo de tolerancia, con lo que las concentraciones de dopamina y la transmisión dopaminérgica se van reduciendo. 

La dopamina es el neurotransmisor que regula el placer y el tono hedonista. La abstinencia trae como consecuencia una disminución de la actividad dopaminérgica, que conduce a una severa ansiedad, anhedonia y finalmente depresión. 

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