El dolor y el sueño

Los adultos mayores que han sentido dolores durante más de un día son más propensos a tener problemas para dormir varios años después.

En una encuesta, ese riesgo en el largo plazo aumentaba aún más en las personas con dolor generalizado.

Aunque sabemos que las personas con dolor crónico son más propensos a tener problemas para dormir que las personas sin dolor, conocemos muy poco sobre cómo ese trastorno induce la aparición del insomnio.

Un cuestionario por correo a los mayores de 50 años atendidos en North Staffordshire, Reino Unido.

Aquellos que habían tenido dolor durante más de un día en el último mes tenían que colorear en un dibujo del cuerpo humano la zona afectada.

Los participantes con dolor en ambos lados del cuerpo, arriba o abajo de la cintura, en los huesos de la cabeza, la columna o las costillas tenían, para los autores, “dolor generalizado”. El resto tenía “dolor parcial”.

Los participantes también respondieron un cuestionario del sueño. Aquellos con problemas para dormir, que no podían despertarse temprano o que se despertaban cansados la mayoría delos días del último mes tenían insomnio.

A los tres años de esa encuesta, los autores repitieron la consulta. Obtuvieron respuestas de 6.676 personas.

En la primera encuesta, 3.000 participantes tenían dolor parcial, mientras que 1.800 no tenían dolor y 1.800 tenían dolor generalizado. La mayoría de los participantes con problemas para dormir tenían dolor generalizado, algunos tenían dolor parcial y muy pocos no tenían dolor.

A los tres años, los participantes con dolor eran más propensos a decir que sus problemas para dormir habían empeorado, según publica el equipo en Rheumatology. Aquellos con dolor generalizado eran dos veces más propensos a desarrollar insomnio que los participantes sin dolor, aun tras considerar la edad, el sexo, el nivel socioeconómico, la ansiedad y la depresión.

Las limitaciones físicas y la reducción de la interacción social explicaron el 68 por ciento del efecto del dolor parcial en la aparición del insomnio.

El dolor generalizado influyó en un 66 por ciento de ese proceso y las personas con dolor a menudo, pero no siempre, reducen los niveles de actividad física e interacción social.

“Son consecuencias comunes, pero no inevitables, del dolor”, “La actividad física y la interacción social promueven el sueño. Nos exponen a la luz y la estimulación mental, fundamentales para la regulación del ritmo circadiano”.

Pero estas dos consecuencias potenciales del dolor musculo esquelético no explica todo. “Los autores demostraron que las cuatro variables están relacionadas y, lo más importante, pudieron demostrar qué ocurre primero porque siguieron a los pacientes en el tiempo.

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