TDAH Trastorno por defici de atencion e hiperactividad.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad
TDAH

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad una entidad neurobiológica heterogénea como alteración del neurodesarrollo más frecuente en la población infantil. Se estima que su prevalencia es del 3-6% en niños en edad escolar sus características más importantes son la tríada sintomática que constituye el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad.

Los criterios diagnósticos se encuentran definidos en el DSM-IV-TR. Para aquellas personas con deterioros debidos a un TDAH sin problemas significativos de hiperactividad, este manual da lugar a una etiqueta diagnóstica confusa. De hecho, el sustrato neurobiológico entre los diferentes subtipos parece ser diferente en ciertos aspectos, pues el circuito frontoestriatal parece estar más afectado en el TDAH combinado y el frontoparietal en el subtipo inatento, pero lo que sí es una realidad clínica y motivo de confusión es que existe un grupo de paciente con déficit de atención pero sin hiperactividad.

Por estos y otros motivos, el DSM-5 reformulará los diferentes subtipos de TDAH e incluirá probablemente un nuevo subgrupo en el que se incluirán aquellos pacientes que cumplan al menos seis criterios de inatención y menos de dos criterios de hiperactividad-impulsividad que sería un TDAH restrictivo.

Los criterios diagnósticos para el trastorno por déficit de atención hiperactividad TDAH fueron definidos por la clasificación estadística de las enfermedades mentales propuestas por el consenso de la Asociación Americana de Psiquiatría en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición DSM-IV y la Organización Mundial de la Salud en la Clasificación Internacional de Enfermedades, décima revisión.

La Asociación Americana de Psiquiatría utilizó un análisis de validez interna para seleccionar los síntomas específicos asociados con el trastorno y construir cinco criterios transculturales para realizar el diagnóstico categórico. El DSM ha sido usado por los clínicos y los investigadores como una herramienta estable y válida desde 1968.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad TDAH, definido por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición, se refiere a una alteración neuropsiquiatría de inicio en la infancia o adolescencia relacionada con la aparición de síntomas de inatención o hiperactividad-impulsividad y la presencia de alteraciones funcionales en la vida cotidiana.
Esta clasificación ha permitido que el TDAH tenga suficientes evidencias clínicas y psicométricas, de acuerdo con los análisis de la conducta y los cambios con el uso de los medicamentos. Sin embargo, aún no se ha podido determinar con precisión el papel de las alteraciones neurobiológicas en su presentación. La validez neurobiológica del TDAH, relacionados con las alteraciones neuropsicológicas y con marcadores electrofisiológicos, de las señales de resonancia magnética funcional, de modificaciones en la neuroquímica y de predisposición genética, a través de datos que permiten detallar objetiva y cuantitativamente el fenotipo conductual y cognitivo de los niños y jóvenes adultos con TDAH, y, a su vez, ofrecer una propuesta teórica integrativa que favorezca el análisis clínico y científico del trastorno y se continúan haciendo investigaciones que permitan introducir algunos de estos marcadores neurobiológicos como parte del diagnóstico del trastorno y de la orientación hacia unas estrategias terapéuticas más sólidas.

Otros aspectos relevantes de los niños con TDAH además de sus alteraciones del comportamiento producidas por la hiperactividad y la inatención son alteraciones en determinadas partes del cerebro consideradas como soportes para la consolidación de las memorias emocionales que durante el sueño están menos activas en los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Un estudio se enseñó a 16 niños con TDAH unas fotos que evocaban emociones, como un animal escalofriante, antes de acostarse. También vieron fotos neutras, como la imagen de un paraguas o una lámpara. Se monitorizó su actividad cerebral mientras dormían. Cuando los niños despertaron a la mañana siguiente, los investigadores les realizaron pruebas para comprobar qué recordaban. El mismo proceso se repitió con 16 niños sanos. Durante el sueño, regiones del cerebro que se piensa que participan en la consolidación de las memorias emocionales estaban más activas en los niños sanos. Esta actividad era más baja en los niños con TDAH. Los investigadores concluyen que el sueño consolida las memorias emocionales en los niños sanos, pero no en los que padecen TDAH.

Estas alteraciones neurosiqutricas son un ejemplo de las grandes alteraciones que pueden presentarse a través del desarrollo infantil y que pueden repercutir en su funcionamiento durante la adolescencia y la edad adulta y que ponen de manifiesto entre otras muchas alteraciones la necesidad de un tratamiento oportuno y puntal así como de máxima eficacia.

Dr. Jorge Bernal

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