Los problemas de conducta tienen un origen orgánico.

El cerebro de los niños con problemas conductuales no reacciona de forma normal cuando observa imágenes de otras personas con dolor; los problemas conductuales incluirían conductas antisociales, agresividad física o falta de empatía.

Los investigadores usaron imágenes de resonancia magnética funcional del cerebro de niños con problemas de conducta y de un grupo control de niños con un comportamiento normal, mientras observaban imágenes de otras personas que padecían dolor.

Los niños con problemas de conducta mostraron unas respuestas reducidas al dolor de los demás, en cuanto al nivel de oxígeno en la sangre, específicamente en regiones del cerebro relacionadas con la empatía ínsula bilateral anterior, corteza cingulada anterior y giro frontal inferior. Entre estos niños, los que eran más insensibles mostraron los niveles más bajos de activación en esas áreas del cerebro.

Este patrón de actividad cerebral reducida en los niños con problemas de la conducta podría ser un factor de riesgo de la psicopatía en la edad adulta.

Los autores creen que sería importante considerar estos hallazgos como un indicador de vulnerabilidad temprana y no de un destino biológico, ya que algunos niños con continúan con la conducta antisocial a medida que maduran

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